domingo, 6 de enero de 2008

El Triunfo de la Agonía

Es de noche y las estrellas iluminan el firmamento, algo se mueve afuera de mi ventana por lo que me levanto y avanzo cauteloso. Es un animal enorme que se parece a un búfalo negro. Con mi bastón como única arma me acerco a él y pronto siente mi presencia y me habla, me habla de mi pasado en la oscuridad y me asegura cosas que dice pasan en el otro mundo en mi ausencia. Lo confronte y logre hacer que se fuera, pero logró dejar en mi interior la semilla de una tormenta silenciosa que se levanta y comienza a inquietar mi ritmo cardiaco, siento como si una estrepitosa ráfaga de viento azotara inclemente el fuego que tengo y que llevo dentro, bombardeandolo con miles de preguntas aladas y vanas, vanas y sin sentido, empujándolo a lugares donde no hay camino de retorno. En mi interior se levanta de nuevo la oscuridad que ciega a los Ángeles en las noches sin estrellas. Me siento perdido en el sueño silencioso de un solitario y desecho sentimiento: la caída de la esperanza. Siento que la muerte está escondida detrás de estas rocas salvajes que ocultan las suaves caricias del sol y de las noches de verano. Tengo miedo y siento que no vale la pena alzarme más al vuelo ni alcanzar esos lugares que alcanzan solamente las aves que coronan el cielo. Vuelven a mi recuerdos amargos del pasado, rostros y miradas de otros tiempos, tiempos donde la felicidad y el sufrimiento tenían el mismo sabor, tiempos donde sentía una daga clavada permanentemente en mi pecho. Algo quiere extinguir la llama blanca que arde en mi pecho y esta se apaga, hoy no puedo ver el reflejo del cielo en los dulces ojos de la Hechicera como cuando los veía en las noches perdido en mis sueños, ese cielo que es mi mundo. La oscuridad está viniendo a mi, se acerca la batalla, debo confrontarla, defender mi destino y aislar mi mente, debo conservar este fuego intacto, así que decidí guardar una porción de él en el cofre de cristal que conserva mi alma, fundiéndolos en una sola energía; ahora están unidos fuego y alma en un solo ser, por lo que si se extingue el fuego, se extingue mi vida y a donde vaya mi espíritu llevara con él el fuego y serán uno para siempre. Y ahora, sin importar el desenlace de la batalla, confío en que me convertiré en un ángel de llama blanca, para poder volar incluso dentro del sol ardiente.

Confío en que las estrellas me den la fuerza y el amor puro me de la esperanza, yo lo creo, y mientras lo pienso, cada vez son más fuertes los embates de la oscuridad que quieren apagar mi destino, cada vez más se apaga la luz; me pierdo en un mar de oscuridad creciente donde el miedo y la devoción vuelven a mi perdidos entre ritmos de esplendor místico, anunciando que el cielo vuelve a pelear contra el infierno entre figuras y sombras que se alzan en el extenso horizonte de terciopelo. El temor y el desespero llegan entre el fuego y el hielo. La llama blanca que arde en mi pecho se apaga y no logro ver más el reflejo del cielo en los ojos dulces de la Hechicera como cuando los veía en las noches perdido en mis sueños. Ahora solo espero que al terminar la batalla, logre mantener la llama intacta y mi alma atada a ella y ruego que mi espíritu renovado en estas tierras me convierta en un ángel de llama blanca, dejándome volar para construir mi destino revelándolo solo cuando a mi llegue.

Siento que la llama se extingue junto a mi vida en este infierno. Espíritu maldito, apareciste justo en el momento en el que me sentí libre y capaz de alzarme a las cumbres de los cielos como el peregrino... Te maldigo espíritu tramposo de oscuros propósitos que trajeron nubes y nublaron mi vista con tu visita. Ahora apenas deseo vivir otra vez para ver la llegada del día y esperar a la noche para volver a ver el reflejo del cielo en la mirada tierna de la Hechicera que es mi esperanza. Ahora entiendo que triunfo y la agonía dependen de cómo se usen las palabras; pueden sacrificar la fe, traicionar y envenenar las voces para arrastrar la mente a los limites de la tormenta, para hacer que se precipite en el abismo, destruyendo las buenas intenciones. Siento que se aleja de mi la Hechicera, siento que se apaga su fuego y con él mi alma. Así se siente la agonía.

Daff Schneydher. Enero, 2008


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