miércoles, 2 de enero de 2008

Como en un Reloj de Arena Infinita.

Despierto en la arena, el sol ya me ha tomado ventaja y está alcanzando altura. Trato de moverme, mi cuerpo me pesa más que de costumbre y siento mi cabeza densa, cargada de miles de cosas confusas... como si... como si por dentro los ratones estuvieran bailando jazz... y entonces me pregunto ¿qué día es hoy, que día soy?

Algo me hace falta, algo en mi ha cambiado pero no se que es, me siento aturdido y de a poco voy recuperando el aliento, giro mi cabeza sobre la arena y veo un cangrejo... y el cangrejo me mira con esos ojos de cangrejo, saltones y cilíndricos que se mueven para todos lados, me examina... y cuando se decide a acercarse un poco más, una ola nos arrastra un poco más sobre la playa... y cuando se va, se lleva al cangrejo... ashh, pienso, otra vez estoy solo en este lugar extraño... al menos el cangrejo me hizo sentir mejor mientras estuvo.

Suele pasar, el mar nos trae cosas que están buenas y luego se las lleva... y ni idea si las volveremos a ver.

Logro levantarme del todo y camino lento, tengo arena en mis ojos, en mi pelo, en la boca... me acerco al mar y me mojo la cabeza... me siento mejor y un poco limpio, salvo que sigo con ese salino hálito marino impregnado en mi. Tengo sed, mucha y no logro ver mucho... hay mucha luz... me cuesta recordar y sigo sintiendo que algo me falta... luego, a lo lejos veo algo que parece ser una aldea.

Pronto salen a mi encuentro muchas personas y varios ancianos, los aldeanos me reciben como a un loco perdido que regresa a casa... muchos en verdad ríen... no comprendo nada. En eso se acerca uno de los ancianos y me dice, Peregrino Mantogris, bebe esto. No se que era pero yo tenia sed, y al beber en verdad sentí que lo que me dio refresco también mi alma. Cuando termine la bebida, el hombre tomo mi cabeza con sus manos y con un brusco movimiento me llevó hacia atrás y me dio un golpe en la frente, luego caí sentado en el suelo aturdido pero luego de un rato y repentinamente todo fue más y más claro... estaba en la aldea de los Andaquíes, donde nos reunimos la noche anterior con los sabios para la cena. Cuando me levanté, el anciano rió y me dijo, anda a descansar, tienes muchas cosas que pensar y otras que ordenar, y con su bastón me dio un golpesito en la cabeza y otro par en el pecho, cerca del corazón.

Ahora, con mi mente despejada y descansada, dejo que el sol golpee mi cara mientras espero a las noche con estrellas para llenar mis sueños; la noche es fresca y siempre he sentido que soy un hijo de la luna. Soy un viajero del tiempo y del espacio que ha cruzado desde su mundo para sentarse con los ancianos de la raza amable en este mundo que ha sido visto pocas veces, para encontrarse en un viaje incierto y para sentarse y escuchar, aguardando acumular el suficiente conocimiento que me entregue la revelación. Estoy en un lugar donde hablé con espíritus que guiaron mis pasos y donde encontré a la hechicera que me habló en sonidos que acariciaron mis oídos y me entregó un fuego que todavía conservo, igual, todavía no escuche ninguna palabra que me indicara mi destino y ahora, tanto en mis pensamientos como en mi corazón siento que en mi mundo volaba errático y que en mi vuelo me precipité al abismo, desde las estrellas del firmamento.

Abro mis ojos, todo es casi sepia ya que el sol calienta la tierra y mi sudor cae por mi rostro, mis ojos se llenan de lagrimas como si estuvieran llenos de arena. He caminado y volado por estas tierras tratando de encontrar mi destino y ahora espero a las estrellas; ellas siempre han sabido guiar mi camino y en verdad en la fresca noche es más fácil perderme en mis pensamientos y volar en ellos desapercibido pues en el día caluroso, a veces siento como si siguiera nubes de tormentas de arena y a sus rastros efímeros como las dunas que son devoradas por el viento cambiando el paisaje.

Trato de estar atento a lo que me trajo a este lugar, seguí el río de las brujas volando entre las montañas de esmeralda bajo la luna de verano. Este lugar es increíble, pero es la primer vez que extraño mi mundo, tal vez es lo que me falta... y si en el volaba significa que mi mundo era el cielo y deseo volver de nuevo, volver con mi mente ligera como el polvo que flota alto y puro como cuando se mueve libre sobre el viento, volver flotando en el aire tibio que asciende desplegando mis alas alcanzando grandes alturas y dominando el cielo, volviendo a ser Peregrino.

Espíritu de los cuatro vientos, llena mis velas y guíame a través del mar de los años, revela mi destino y abre en el un camino para recorrer desde los cielos, a lo largo del estrecho del miedo, del estrecho de los limites de la mente. Abre un camino que corra junto a la gran rueda y al que pueda volver siempre cuando esté libre en mis pensamientos, en los recuerdos y en los sueños, como persiguiendo barcos de fantasía cargados con miles de tesoros mágicos e historias lejanas donde los relojes son adornos iguales a las perlas... lugares donde detenemos el tiempo.

Algo en mi cambió, el cielo es mi mundo y mi destino, la llama en mi interior arde pero también arde la necesidad de levantarme a los cielos, no en un dragón sino por mis propios medios, como el peregrino.

Cae la noche, la tierra se enfría y la luna ilumina mi rostro. Estoy recorriendo mis pensamientos, estoy entendiendo las palabras del espíritu de las maderas y del gran lobo, veo a través de los ojos de la hechicera y puedo ver el cielo reflejado en ellos, preparo mis cosas y me reúno con los sabios en el centro de la aldea, justo al lado de la fuente de colores, se acerca un cambio y el enemigo acecha entre las sombras por lo que debo estar preparado. Ya se acerca la gran batalla, pronto se definirá mi destino.

Daff Schneydher. Enero, 2008


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