domingo, 30 de agosto de 2009

Nimrod

Cruzo las pampas bañadas por el sol extraño y rojo que se oculta en esta tarde calurosa y rara del invierno mientras me golpea la cara, afuera, solo el camino avanza, y me devuelve a ese lugar que tampoco es mío, a ese mismo lugar que también es desconocido.

Cierro mis ojos y dormito, medito… pienso. Busqué en el mar mis pasos, las respuestas, las imágenes perdidas y recuerdos deshechos, caminé despacio y pensativo… pisé mis huellas.

Los únicos aromas conocidos fueron el del mar y el de mi pipa, lo demás es distinto… el aire, las rocas, la arena… el mar es más frío, los árboles secos y éste lugar está desierto, como si de una metáfora escrita por el azaroso destino se tratara… Solo.

Tendido en la arena veo pasar las nubes arriba que se cruzan de vez en cuando con una gaviota y entonces vuelo… me sumerjo en la profundidad del cielo mientras mi cabeza se desconecta y se deja llevar por ese elixir que me permite olvidarlo todo con la esperanza de encontrar respuestas atrás de los marcos de los sueños.

Hace mucho cambiaron las historias, ya no soy el que corre detrás de los sueños, ya no soy el que persigue duendes y brujas en dragones, y si de esos sueños se tratara, ya no soy más el rey que quise, estoy vencido y escondido atrás de los muros de mi castillo, tengo miedo y el exterior duele. Poco queda del esplendor de otros tiempos y ahora mis ejércitos bajaron sus armas porque se cansaron de buscar cosas que no existen… mi glorioso reino ha caído y con él todos mis sentidos.

Se marchitaron mis historias, reflejos de algo mágico… que valió su momento, pero ahora son más que un recuerdo al igual que los miles de destellos luminosos que recorrieron anoche el estrellado cielo nocturno, la hechicera que otrora había conjurado ahora me aconseja, al menos me escucha, mi dragón ya no vuela más a las batallas porque simplemente me rendí y no quiero alzar otra vez mi espada y las sombras… de las que me alejé y que tanto odié por un tiempo, me recordaron una vez más que son mi casa y que la luz, esa que brilló incandescente y que tanto se jactó de ser el camino, simplemente me dio su espalda… se extinguió.

Busco volver en mis pasos, busco el encuentro con ese lugar en el que perdí el camino, busco entender por qué se reescribe la historia que casi recorro de memoria a diario, como si los días se repitieran, como si las cosas fueran las mismas salvo las personas, es cómo si de una historia se tratara una y otra vez y solo cambiaran los nombres de los actores y donde la trama siempre es la misma pero con un final que ineludiblemente es el mismo y sin importar que dragones y hadas son lo mismo que pintores y musas, solo cambian los actores.

Extraño mi piano, extraño mi viejo refugio contra la nostalgia de domingo, domingo que hoy se siente en el aire pesado y denso como esperando a la tormenta y que en este momento se reflejaría en las teclas de ébano y marfil; no soy más que la sombra de algo que no se que era… pero ahora solo soy tormentos vivos de algo que murió hace mucho tiempo, o tal vez no nació o nació muerto… espectro, fantasma que camina sin sentido mientras sigue envuelto en la rutina del gran dínamo, agobiado por sus pensamientos, vencido por sus sentimientos, destruido por su mente, su cabeza sin mil tornillos…. Imágenes borrosas de un pasado que se funden como el reflejo del sol en ese atardecer en la playa, como esas nubes que corrían y se cruzaban con las gaviotas mientras se fundían en la profundidad del cielo junto con mis pensamientos ahora distorsionados por el viaje astral al que sometí a mi espíritu.

Dudo de las palabras, dudo de mis recuerdos, dudo de lo que me rodea… ahora en mí retumba la frase que dice “no me duele que me hayas mentido, me duele no poder volver a confiar en ti”, siento que todo es borroso y siempre espero el puñal en la espalda, daga dorada o como le quiera llamar el guionista de mi historia de turno. Me siento cansado… no quiero seguir, me quiero quedar dormido bajo este cielo y bajo este mar para siempre.

Como la vieja historia, una vez más mi mundo se cierra sobre mi cabeza, mi espíritu se recoge y busca conjurar al pasado, escupir su veneno y tratar de vivir para intentar de vuelta contar de una mejor manera la misma historia, para tratar de dejar mejor marcadas las huellas en la arena, o al menos dejar una mejor descripción de los aromas, los lugares… o alguna cosa que me sirva de bastón para cuando vuelva a caer, para encontrarle un sentido cuando caiga de nuevo mientras vivo como siempre, en el final, al final de la historia.

Cruzo las pampas, el sol extraño y rojo que se oculta en esta tarde calurosa y rara de invierno me golpea la cara, afuera solo el camino avanza, me devuelve a ese lugar que tampoco es mío, a ese mismo lugar que también es desconocido.

Daff Schneydher, Agosto. 2009

1 comentario:

Anónimo dijo...

Imagino las paredes acariciar mi pie y si tuvieran rostro, dejarían en su fría textura el derivado de una cálida mirada. Rígidas y tenuemente blancas, protegen mi despertar y aguran el momento en que vuelva a soñar. Y alguna vez sonreí pensando que caminabas entre olas y alguna vez soñé con ser una de ellas para besar tus pies y mirar hacia arriba para ver al coloso que recordó que mi corazón existía.

El viento trae consigo una tormenta de arena que se impregna en cada poro de mi piel, secando las lágrimas que hacen ver el amor de manera cúbica, tanto que tu nombre es la huella, es la silueta eterna de todo mi ser.......

Pensamientos Intrascendentes / www.daffland.blogspot.com