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viernes, 8 de diciembre de 2006

El Poder de la Palabra. De insultos, Agravios e improperios



“Estoy adjuntando dos tickets para el debut de mi nueva obra de teatro, lleva un amigo... si es que lo tienes.”
George Bernard Shaw a Winston Churchill.

La semana pasada le escribi a alguien de quien no tengo noticias hace mucho y que es muy especial para mi, y como respuesta recibi un mensaje poco amable que me dejo sin muchos argumentos y bastante descolocado. Lo primero que se me ocurrio fue escribir violentamente en una especie de contra ataque... (represalia).... claro, es una acción suicida y bastante inconciente y como tantas veces me causo problemas, preferi dejar las cosas quietas y pensar los pasos a seguir.

Luego de meditar un rato e incluso pensar en que era lo mejor, concluí que debia dejar las cosas como estan y documentarme un poco. Primero, el insulto es un arma, y como cualquier otra, es muy eficaz si se le usa inteligentemente. El juego de insultos debe encaminarse más a la estrategia que a una simple verborragia sin sentido que por lo general se dicipa en el momento y es causa de inmensos males por lo que creo que si se va a insultar a alguien, hay que hacerlo de una manera inteligente y sutil, no negligente e impulsiva; para así ser contundentes pues muchas veces el significado de lo dicho tiene tantas puntas e interpretaciones, que puede perder el ojetivo del todo y causar un efecto desconocido.
No es que este a favor del insulto, todo lo contrario, me parece un arma muy peligrosa y de doble filo, capaz de hacer mella hasta en el caracter más fuerte. Pero por otro lado, las palabras bien puestas pueden lograr más que muchas acciones en conjunto. Por lo tanto, hay que ser nobles al momento de utilizar la lengua, y muy concientes de lo que se esta haciendo o diciendo, ese es el problema del insulto, generalmente es una reacción irracional y viceral a un suceso determinado y que por ser tan impulsivo, no es reflexivo y si altamente destructivo.

“No podré asistir al debut, asistiré a la segunda noche... si es que la hay.”
Winston Churchill, respondiendo a George Bernard Shaw.



Las animaciones hacen parte de un proyecto artistico de Stephen Watkins llamado Backspace cuyo fin es el de alborotar la imaginación.
Stephen Watkins se graduó con honores de la facultad de Diseño y Comunicación en la RMIT University, Melbourne, Australia. Su pasión se divide entre el diseño de gráficas y la animación, en donde explora el potencial de ambas áreas.

El link de el proyecto BackSpace es http://www.backspace.com.au/home.html y ahi se encuentran los episodios para descargar con el Quicktime. Se puede suscribir al servicio de podcast para itunes, y las animaciones estan en una compresion apta para llevar en el ipod. Si quieren saber mas del trabajo de Stephen Watkins pueden consultar su página web http://www.watkins.com.au/

sábado, 25 de noviembre de 2006

12 de septiembre de 2055

Viejo amigo:

Camino a nuestro re-encuentro te escribo. Viajando por el vasto cielo que hasta hoy nos separaba. Simplemente, puedo decirte que desde el avión estos cincuenta años que han pasado no parecen nada.
Muchos son los nervios que generan mi arribo... Una ciudad desconocida, con rostros totalmente envejecidos.
¿Seremos los mismos?
Nos hemos rehusado a utilizar otro soporte que no sea el papel para estar en contacto; para así poder ver nuestra imbatible decrepitud a través de nuestra, ya totalmente, demacrada letra.
¿Te acuerdas de aquél día? ¡Tan deseado por cualquiera de los dos como los amantes esperan el resguardo de la Luna para poder hacer de sus travesuras!
Comenzó el tan anhelado día. Pero como era de esperarse, nuestra reunión fue pospuesta. Casi evitamos que se produjera... teníamos miedo. Pero el resultado fue mejor de lo esperado.
Un día más tarde y con tropiezos varios, acordamos el encuentro.
La mañana parecía ser como cualquier otra del fin del invierno... Soleada, fría, solitaria, silenciosa... Las ansias no dejaban que mi sangre fluyera correctamente; pronto llegaría el tan codiciado momento.
Al levantarme, muy cuidadosamente elegí mis vestiduras; tenía que lograr impactarte. Ya hacía unos meses que no nos veíamos; tú habías volado en busca de tus sueños.
Desayuné con la misma monotonía con la que todas las mañanas lo hacía; o al menos así lo recordaba, pues tu partida había cambiado mis hábitos.
El tiempo parecía detenerse. Tic-Tac. Tic-Tac. Tic. Tic… Cada vez más resonaban los segundos en mi mente.
Otro día con la misma rutina... Ya me iba al trabajo, mientras que lo único que hacía era pensar en ese momento. Por suerte fue un día de locos, los teléfonos no pararon de sonar, las personas aparecían a borbotones; en fin... un día muy complicado. Pero yo sabía que estarías allí, esperándome... Las horas que transcurrieron desde mi empleo hacia el aeropuerto fueron dos. No estaba conforme con mi vestuario, así que decidí volver a casa y cambiarme... Nuevamente el dolor de cabeza de toda mujer... Salí tal cual estaba, simplemente desenmarañé mis cabellos.
Tiempo. ¡Maldito tiempo! Me habías separado de él y ahora intentabas hacer lo mismo.
Logré conseguir mi meta: llegar antes que lo hicieras tú. No quería que tuvieras que esperarme. Y finalmente, te vislumbré, allí, como esperaba encontrarte... Con la mirada altiva como quien busca y nada encuentra. Entre la multitud, yo simplemente te observaba. No podía creer que estuvieras aquí.
Éramos jóvenes, llenábamos nuestras vidas de sueños, y nos complementábamos.
Nos saludamos como si el tiempo no hubiera pasado; pero nos hubiéramos extrañado toda una vida.
¿Cómo será este re-encuentro? Ya no tengo las mismas expectativas, ni las mismas ambiciones... Tengo miedo de no reconocer tu rostro ni tu mirada; de que ya no seamos los mismos que a espaldas de hoy nos despedimos para volver a vernos quién sabía cuando.
Ya es hora que deje de escribir y comience, nuevamente, a soñar... La ciudad ilumina mis ojos y la ansiedad de aquél día vuelvo a sentirla tan vívida como cincuenta años atrás.

Cecilia Stanic
Pensamientos Intrascendentes / www.daffland.blogspot.com
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